Conflicto Israel-Palestina y Chile

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Por Boris Briones

Estos últimos días hemos visto por la prensa tradicional e independiente imágenes horrorosas de atentados, ataques, bombardeos y víctimas del genocidio que ocurre en la Franja de Gaza.

En el mundo no podemos sentarnos a justificar guerras, hoy en día no estamos disponibles para eso, tanto como seres humanos y como habitantes de un planeta que a gritos pide calma.

Chile no está alejado de la realidad de Medio Oriente, primero estamos conscientes del problema que genera la exclusión y la segregación en el mundo. Tenemos ejemplos como el Apartheid y otros tan dolorosos que han ocurrido a lo largo de la historia.

Lo que no debe sorprendernos es que el conflicto Israelí-Palestino no es nuevo pero se desencadenó en la era moderna, a partir del término de la Segunda Guerra Mundial, cuando los sobrevivientes del Holocausto buscaron tierras donde asentarse y poder desarrollar no sólo un Estado, también una concepción religiosa. De este mismo modo podemos entender lo que ocurre hoy con el Pueblo Mapuche en la Araucanía y a lo largo de nuestro territorio. Si hoy en Israel los árabes que circulan por ciudades como Jerusalén o Tel-Aviv son constantemente discriminados por su vestimenta, por su apariencia y su ideología, lo mismo vemos en nuestro país con los Mapuche, que constantemente son denostados y violentados en varias aristas. Hoy el Estado sigue sin hacerse cargo de políticas de inclusión para los pueblos originarios en general.

El texto “Escucha Winka”, escrito por los mismos actores Mapuche nos presenta esta visión que hoy hace falta en la enseñanza de los secundarios, la educación que va más allá de mostrar una Ruca en un texto escolar o imágenes de los Selk’nam en sus ceremonias rituales. Hay un problema de fondo que genera ese desconocimiento de nuestra propia historia y que desencadena la ignorancia y la segregación que no necesariamente debe ser física, pero que produce una violencia estructural, generando una incapacidad de dar respuesta a necesidades y derechos básicos.

Chile y activismo

Es necesario mencionar que en Chile hoy se están realizando diversas actividades de apoyo al pueblo Palestino y las comunidades presentes en nuestro país no han estado solas, pero en este punto hay que ser muy cautelosos. Hace un par de días en una actividad realizada en Concepción en la que participé manifestando mi rechazo a la violencia en Gaza, tuve la oportunidad de ver como ciertos autodenominados descendientes de Palestinos negociaban con Nazis que buscaban promover su odio al pueblo judío, hacer una apología de Adolf Hitler y negar el Holocausto no sólo como hecho histórico, sino como suceso real. En dicha actividad uno de los jóvenes integrantes de la comunidad Palestina nos indicó que recibían apoyo de todas partes y no le importaba que fuera de los Nazis (quienes en el intermedio repartían volantes antisemitas), porque él decía no conocer la ideología Nacional Socialista y no sabía si esto era malo o no, entonces se declaraba ignorante al respecto.

¿Puede usted creer que exista una persona adulta que desconozca el Nazismo? Siendo una temática que se enseña en los colegios y que en la televisión constantemente está presente en documentales, películas y series, también en videojuegos donde hasta los niños tienen consciencia de lo terrible que fue dicha ideología totalitaria para Alemania. No me parece una excusa valida tolerar el Nazismo por desconocimiento del mismo. Ni siquiera da para pretexto barato.

La reflexión es sobre la enseñanza: qué estamos educando y qué es lo que pasamos por alto. Hoy tenemos una educación secundaria que se sigue basando en memorizar fechas y se ilustran de un modo cronológico los acontecimientos históricos, los procesos de evaluación de los textos escolares se remiten a verdadero y falso, como si la vida misma fuera blanca o negra. Los niños aprenden más en internet y de imágenes con citas ficticias en las redes sociales que en las mismas aulas. Hay escasa vocación y casi nula preocupación por educar y los peor es que adultos se excusan en dicha ignorancia para aceptar y tolerar barbaries. Para que el pasado que nos avergüenza como humanidad no se repita, necesitamos al menos conocerlo.

Boris Briones. Historiador.

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