A propósito del nuevo ciclo

Michelle

Paulo Hidalgo

En el último tiempo y al calor de las campañas han surgido diversas voces interesantes sobre el nuevo ciclo que se apresta a vivir el país. Se sostiene enfáticamente que comienza un nuevo ciclo político y social; con otros desafíos, anhelos y aspiraciones. Ahora el país, se sostiene, puede plantearse una modernidad integradora, participativa, solidaria, diversa.

Sin embargo, es importante procurar arrojar luz en los requerimientos políticos de este nuevo ciclo que se abre. Como hemos sostenido en algunos trabajos anteriores, la noción de ciclo político no es una mera apelación retórica, solamente de un ‘tiempo’ especial y singular que se viene. A riesgo de parecer un recetario, nos parece que un ciclo político comporta una serie de elementos que se ciernen como requisitos de una condensación de las energías políticas para que las reformas planteadas sean en verdad exitosas.

Es preciso contar con una élite en el gobierno que constituya un cuerpo coherente y que tenga un acuerdo sustantivo sobre las claves fundamentales de los cambios que se buscan introducir. Es comprensible pero puede suceder que la vaguedad en algunas propuestas lleve a contiendas y debates que pueden complicar prematuramente la gestión del gobierno. Contar con una hoja de ruta clara en las diversas materias será un asunto que se debiera despejar sin mayores dilaciones.

Fijar una identidad compartida, un sentido de misión, una épica que le otorgue sentido en el tiempo a lo que hace el gobierno será crucial para acompasar las esperas y los sacrificios. El gradualismo y las reformas son siempre procesos de incubación mas bien lenta que requieren amplias destrezas simbólicas y políticas.

Al mismo tiempo, se requiere contar con los mejores técnicos y estamento profesional para aquilatar los cambios con los debidos resguardos en la solvencia que tendrá el país para encararlos. A nadie le cabe duda que no será posible de manera simultánea enfrentar las deficiencias en salud, las deudas del sistema de Isapres, los egoísmos en la previsión, los empleos decentes,etc. Habrá de este modo que poner en el tablero claramente cuales serán las ‘naves madres’ de los cambios en donde tan solo se cuenta con cuatro años de gobierno. Es decir, un escaso margen de tiempo. ¿Serán acaso la reforma educativa y la reforma tributaria los hitos medulares?.

En este sentido, la gestión política con el singular mundo parlamentario que se ha elegido será clave. Ya se puede anticipar que habrá allí un complejo juego político de las más diversas sensibilidades y atalayas de representación. Los parlamentarios de regiones como nunca antes harán sentir su voz para reclamar un lugar protagónico en la toma de decisiones. Lo propio hará la bancada que proviene de liderazgos universitarios que traerá al parlamento las demandas estudiantiles por una mejor educación y por cambios sustantivos a la política como tal. Así el trabajo político con el parlamento desde el gobierno será altamente complejo y demandante. De este modo tendremos en la clásica triada, parlamentarios muy activos tanto en el campo legislativo, como en situarse en los medios en función de temas nacionales y activos también en representar directamente las demandas y pulsiones de distritos y regiones.

¿Cómo resolver todo es abigarrado puzzle de la política que se viene? Con un equipo político afiatado desde el primer día, con una política muy dúctil a escuchar todas las voces, con un mecanismo– por inventarse– para tomar decisiones claras y sostenidas en el tiempo. Y aunque no será fácil simultáneamente con medidas tendientes a democratizar los procesos de toma de decisiones. No es poco para que el ciclo político en verdad esté a tono con el tipo de sociedad que hoy está frente a nuestro ojos.

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