Pasado, presente y futuro en dos discursos ante la Asamblea General de la ONU

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Julio Sau Aguayo

En el desarrollo discursivo de los Presidentes Dilma Rousseff y Sebastián Piñera ante la 68ª Asamblea General de la ONU ambos mandatarios incorporaron temas poco usuales en este  tradicional  evento de la política mundial. Tanto el llamado acuciante de la primera a la elaboración de normas internacionales destinadas a impedir que el ciberespacio sea convertido en un arma de guerra en poder de algunos Estados contra otros y a regular globalmente el uso de Internet como las reflexiones hechas por Sebastián Piñera en torno al  “quiebre más profundo y duradero que haya sufrido nuestra democracia en los dos siglos de vida independiente” del país escapan a los habituales posicionamientos de cada Estado ante los temas clásicos de las relaciones internacionales contemporáneas.

En el caso del Presidente Piñera, sus reflexiones en torno a la historia reciente de Chile al cumplirse cuarenta años del golpe de Estado de 1973 y a pocos días del  “vigésimo quinto aniversario del inicio de la recuperación pacífica de nuestra democracia por voluntad libre y soberana de una amplia mayoría de chilenos” toman como hito referencial el golpe de Estado de 1973 y destacan la forma en que el país ha venido recuperando la democracia. Pero esta reflexión no queda anclada en el pasado, sino que intenta extenderse al presente y al futuro de Chile en la elaboración de algunas lecciones aprendidas duramente por los chilenos y que, según sostuvo su Presidente ante la Asamblea General, “ creo humildemente que pueden aportar luces para resolver conflictos que hoy día sacuden a otras naciones del mundo”.

El imperativo categórico de respetar en forma irrestricta los derechos humanos “ de todos, en todo tiempo, en todo lugar y en toda circunstancia” es la primera de dichas lecciones. La necesidad de cuidar la democracia en forma permanente no sólo en los actos sino también en los gestos y las palabras es la segunda de ellas. No descuidar jamás la estrecha relación existente entre la calidad de la democracia, el desarrollo económico y la justicia social es la tercera lección aprendida por los chilenos en esta últimas cuatro décadas, según el Presidente Piñera. Y la cuarta lección se refiere a la necesidad de no permanecer prisioneros del pasado, porque “ cuando el presente se queda anclado en el pasado, el único que pierde es el futuro”.

Que esta interpretación del pasado histórico de Chile haya sido expuesta en la ONU por un Presidente elegido como representante de la derecha chilena, sector que  está aún muy lejos de hacer un balance autocrítico de su pasado dictatorial y de su apoyo  o silencio cómplice a las violaciones de los derechos humanos, es un hecho que hay que destacar. El auditorio a quien va dirigido el discurso no es principalmente el nacional, sino el que conforma la sociedad internacional y en forma especial, el sistema de Naciones Unidas. Y ello tendrá mucha importancia para la forma en que, en un futuro posible,  la ONU deba tomar decisiones sobre eventuales y no deseables alteraciones del orden democrático en Chile o cualquier país latinoamericano. La reacción de la derecha chilena realmente existente ante las medidas adoptadas posteriormente por el Presidente Piñera en torno  temas relacionados con su discurso ante la Asamblea General nos está indicando con claridad que ese sector político “ sigue anclado en el pasado”, por lo que está destinado a perder en el futuro, tanto en las próximas elecciones presidenciales chilenas como ante el juicio histórico de la sociedad internacional.

Sin preludios retóricos de ninguna clase, la Presidenta Dilma Rousseff inauguró las intervenciones de los Jefes de Estado ante la 68ª Asamblea General expresando con claridad meridiana el repudio y la indignación del gobierno de Brasil y del pueblo brasileño ante la revelación de que el gobierno norteamericano había venido utilizando su dominio del ciberespacio para espiar gobiernos, organismos internacionales, empresas y personas individuales que no tenían relación alguna con el terrorismo. En el caso de Brasil, dicho espionaje ciberespacial se extendía a la propia Presidencia de la República, a la Misión de Brasil ante la ONU y a Petrobras.

“ Inmiscuirse en esa forma en la vida de otros países violenta el Derecho Internacional y confronta los principios que deben regir las relaciones entre ellos, sobre todo entre países amigos. Jamás puede una soberanía sostenerse en  detrimento de otra soberanía. Jamás puede garantizarse la seguridad y los derechos de los ciudadanos de un país mediante la violación de los derechos humanos y las libertades civiles fundamentales de los ciudadanos de otro país”. El irrebatible alegato de Dilma Rousseff en favor de la soberanía nacional de Brasil y de la dignidad y el respeto a los derechos humanos de los brasileños resonó en el salón de sesiones de la Asamblea General como una defensa de cada país y de cada habitante del planeta, víctimas de similares intercepciones en sus comunicaciones electrónicas cotidianas. Sólo que la Presidenta de Brasil decidió incorporar en la parte medular de su discurso ante la Asamblea General este tema candente de vital importancia para las relaciones internacionales contemporáneas. Su ausencia total o parcial en los discursos de los demás Jefes de Estado no disminuye dicha importancia. Solamente pone de relieve que la condición de potencia emergente de Brasil no se limita al campo de la economía. Brasil es hoy un actor de peso de la sociedad internacional contemporánea mirada en su conjunto.

La Presidenta Dilma Rousseff no se limitó a realizar esa contundente defensa de la soberanía del Brasil y de los derechos humanos de sus habitantes ante el espionaje de última generación realizado por el gobierno de los Estados Unidos en todo el planeta. Además de sostener que la ilegítima e ilegal intercepción de las comunicaciones cotidianas de los brasileños por parte de la Agencia de Seguridad de los Estados Unidos no podía enfrentarse como un simple problema bilateral, ya que similar situación existía en todas las regiones del mundo, la Presidenta brasileña propuso que las Naciones Unidas lideraran los esfuerzos destinados a crear un conjunto de normas civiles internacionales que regulen las comunicaciones en el espacio cibernético, faciliten el uso de Internet, protejan el funcionamiento de las redes sociales y garanticen la libertad de expresión, la seguridad y el respeto a los derechos humanos. Las nuevas tecnologías de la información deben utilizarse para cimentar la democracia y la difusión de los conocimientos a nivel global, impidiendo que “ se conviertan en un nuevo campo de batalla entre los Estados”.

Al plantear dos temas novedosos en sus discursos ante la Asamblea General, ambos fuertemente relacionados con temas del pasado, del presente y del futuro de la política mundial, los Presidentes de Brasil y de Chile han realizado un significativo aporte a la importancia de esta reunión mundial de Jefes de Estado y al fortalecimiento del rol de Naciones Unidas.

Nota: Las frases entrecomilladas corresponden al texto de los discursos de las Presidentes de Chile y Brasil en la 68ª Asamblea General de la ONU. En el caso de Brasil, la traducción libre del texto en portugués es del autor de este artículo.

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