Expectativas Desinfladas

Economía desinflada

Paulo de León

No hay duda que el año 2013 es uno que se puede catalogar dentro de los años frustantes. No es negativo el año en materia de crecimiento pero a lo largo de todo el año, las proyecciones de crecimiento de los países emergentes han ido en una sola dirección: abajo.

En el World Economic Outlook del FMI de julio, los países emergentes vieron una contracción en la tasa esperada de crecimiento de -0.3, al pasar de 5.3% a 5.0% para el año 2013 y también el 2014 de 5.7% a 5.4%. La cifra si bien alta, es influida por los emergentes asiáticos y no por los latinoamericanos. De hecho en julio, al reducción para Latinoamérica para 2013 y 2014 fue de -0.4% y -0.5%, al pasar de 3.4% a 3% y 3.9% a 3.4%. Las expectativas se ajustaron más que proporcional en estos confines del globo.

El FMI no separa la región latinoamericana, aunque debiera. Sudamérica danza a otra música diferente a México y Centroamérica. Son dos dinámicas diferentes. Al descomponerlos, es Sudamérica la que lleva el peso del ajuste a la baja de las expectativas. La región norte de Latinoamérica reduce levemente su expectativa de crecimiento.

Es Brasil y su tremendo peso que sesga la caída en Sudamérica, pero no sólo es ese país, Perú, Chile, Colombia, Ecuador ven reducida sus expectativas en diferentes intensidades, eso sí, explicadas por los problemas locales o lo que se hizo dentro de los países.

Es decir, Latinoamérica, crece casi dos puntos por debajo del promedio de la crisis. Esta bajón de escalón es difícil de cuantificar porque la contabilidad de lo que dejó o está dejando de pasar no se contabiliza, sólo que se da. Pero detrás de ese bajón de expectativas fundamentadas hay muchas cosas: reducción en el crecimiento, en los flujos de capital, en las oportunidades de inversión, en la recaudación fiscal y por ende mayor uso de deuda o recortes de gasto público.

Tiene una cara social que de nuevo no podemos medir: menos oportunidades para los jóvenes, mayor competencia por un puesto de trabajo, y el costo anímico y social que conlleva acarrearlos en el seno de la sociedad.

Viéndolo a lo largo del tiempo, Latinoamérica es similar a aquel jugador de futbol joven que brilla en sus primeros años en las canteras y que todos los que lo observan ven la promesa del mañana. El joven tiene condiciones técnicas y el talento. Pasan los años y la joven promesa sigue en el radar pero no logra adaptarse al primer equipo e inicia una etapa de obsolescencia que se mantiene hasta el final de su carrera.

Latinoamérica es la eterna promesa, la niña bonita con potencial, y que los inversionistas de toda latitud incluyendo los locales periódicamente se entusiasman y logran montar una trepada pero que se va disipando a lo largo del tiempo. Si esa joven promesa, hace uno que otro buen partido, pero no logra la consistencia. El terreno mental, psicológico y otras aptitudes y características que si tienen otros jugadores con menos potencial pero que ante esto logra no sólo superarlo sino lograr consistencia.

El último ejemplo, el “menos” dotado es la analogía para los asiáticos. Que no sólo parten muy detrás de Latinoamérica sino ahora ya nos ven en el retrovisor y lo más preocupante cada vez más lejos. Este análisis tiene diferentes aristas según sea la historia individual de cada país, pero más o menos y con una variedad de casos; aún el mejor país de Latinoamérica logra el salto y mucho menos mantenerse.

Por cierto, el FMI tendrá que volver a reducir las expectativas y nuevamente, Latinoamérica volverá a ver su peor cara: la promesa que no logra dar el salto, la sostenibilidad y de una vez por todas sacarse la etiqueta de países en vías de desarrollo.

 (*) Magister de Macroeconomía y Magister de Economía Financiera de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Socio fundador de la empresa de inteligencia económica y financiera CABI.

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