En búsqueda de la normalidad

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Paulo de León (*)

El mundo lleva tanto tiempo en crisis que no se acuerda que es ser normal en materia económica. Estamos hablando del primer mundo, ya que los emergentes vieron de lejos ésta situación que llevo a tomar decisiones drásticas por parte de los hacedores de políticas económicas del primer mundo. ¿Cómo cuáles?

En primer lugar, el impacto de la crisis provocó la caída en los ingresos fiscales provocando un déficit fiscal que se acentúo más por los seguros sociales. Este diseño está contemplado para ayudar a personas que entran en desempleo o temas de salud pero que muestra sus falencias estructurales y de modelaje cuando se entra en una crisis macro como la que pasó en la que millones de personas entraron en ésos eventos desagradables ocasionando que el gasto público se disparara a tal punto que varios países quebraron. Este diseño con modelos actuariales debe ser revisado si se quiere que sea sostenible.

En segundo lugar, los bancos centrales llevaron las tasas a los niveles más bajos junto a la inyección de dinero más grande en la historia del mundo. Los emergentes no tuvieron mucho que ver con el primero o lo hicieron marginalmente, ahora bien, las políticas monetarias si provocaron efectos secundarios positivos en los emergentes provocando burbujas en muchos países de Asia y Sudamérica. La amplia liquidez, los malos prospectos económicos en el primer mundo y las tasas bajas con bajos retornos del capital provocaron desde el 2009 al 2012 una estampida de capitales que salieron del primer mundo y se fueron a depositar a los sospechosos de siempre: países emergentes y sus commodities.

Basta ver las valuaciones, precios, costos y cualquier cantidad nominal en los países emergentes para darse cuenta de que la bonanza monetaria se tradujo en estampida de precios primero y luego de actividad económica. Esto es la famosa “ilusión monetaria” que ocurre cuando muchos dinero persigue pocos o menos bienes provocando aumentos de precios. Esta demanda ficticia no proviene de productividad, crecimiento real de riqueza ni de cambios estructurales en dichos países. ¿Porqué se asevera esto?

Sencillo, sigamos el flujo de bienes. El primer mundo le compra a los emergentes industriales como China, los emergentes industriales le compra a los emergentes primarios productores de commodities. En un círculo virtuoso mientras dura. Cuando cae el primer mundo y no se recupera se rompe el flujo provocando una estrecha relación entre los emergentes primarios e industriales. Luego entra el dinero del primer mundo, empujando el crédito, la liquidez y los precios artificialmente provocando que en dichos países se crea que las cosas siguen como siempre, de hecho mejor. Pero es insostenible porque no proviene de mayor venta en la cadena sino del influjo de dinero.

Ese influjo de dinero se está revirtiendo desde junio como vimos en el artículo de hace dos meses. De hecho no se ha detenido ya que todos los índices, monedas y precios de bonos de emergentes siguen bajo presión.

La búsqueda de la normalidad entonces depende del lado que se esté. Para el primer mundo, es retomar el crecimiento económico de la pre crisis y el nivel de empleo. En ese sentido las noticias económicas serán positivas cada vez más, aunque no dejemos de ver noticias malas particularmente del tema del financiamiento al Estado de Bienestar y seguridad social en el primer mundo (ya se dijo, están quebrados los Estados y desfinanciados, peor aún con modelo insostenibles y sin discusión seria de como reconvertirlos).

La conexión primer mundo con emergentes fue la política monetaria, la cual empieza a normalizarse. Es decir, Bancos Centrales que dejan de inyectar dinero, tasas de interés que empiezan a subir y ese elixir monetario a retirarse de los que se emborracharon durante estos años sin entenderlo. Lo hacen  los bancos centrales porque creen que el paciente ya puede empezar a reincorporarse y salir de la Unidad de tratados intensivos.

El  regreso a la normalidad en los emergentes tomará otro matiz, uno plagado de malas noticias y de un ajuste de las expectativas de los agentes en dichos países. Ya se ve la pérdida de dinamismo, se empiezan a analizar los estados financieros de Estados (la lección aprendida de décadas pasadas se mantiene en muchos países con Estados muchos más sanos financieramente) pero particularmente y más relevante, los del Sector Privado: empresas y familias. Es allí donde vendrá un duro despertar.

En Chile particularmente, el debate de si hay burbuja o no inmobiliario ha sido uno intenso. En primer lugar las burbujas son evidentes cuando explotan y no hay una definición clara de lo que es una. Ahora bien, con los incrementos de precios de las casas y apartamentos con incrementos de hasta 20% o más en un año por varios años es normal pensar que hay una exuberancia irracional. Los activos no crecen en precio a esa velocidad y menos cuando la historia de crecimiento no es excepcional. Un crecimiento promedio de 5% del PIB no puede fundamentar un incremento de activos inmobiliarios sostenible de ésa magnitud.

 (*) Magister de Macroeconomía y Magister de Economía Financiera de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Socio fundador de la empresa de inteligencia económica y financiera CABI.

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